relato corta " la casita de estilo ingles"
La primera vez que le vi fue al salir de la tienda donde había estado mirando con detalle durante un largo rato el escaparte, se puso su sombrero al mirar hacia el cielo, el sol a esa hora era aplastante, dio un paseo de dos manzanas de edificios y luego con unos movimientos lentos pero muy seguro llamó a un taxi, cosa que le llevó un largo rato pues a esas horas del medio día la gente huía del tórrido calor. No se veía a así nadie por la calle.
Hasta algunos meses después no volví a verlo, la verdad es que fue su porte lo que me llamó la atención, sus gestos, su forma de moverse todo en él era elegante, esa vez no tardó tanto en la tienda y salió con un gran paquete, que le llevo hasta la calle y al borde de la acera el dependiente de dicho local, miró con insistencia hacia un lado y otro y como la ultima vez, tardó un largo rato en conseguir el transporte que necesitaba, el tráfico a esa hora era infernal.
Esta vez yo ya había salido del trabajo y cogido mi coche con lo cual, sin saber porqué me puse a seguir a su taxi hasta el final de su destino que fue una linda casa tipo ingles al fondo de una calle no muy transitada, allí le dijo al taxista que parara y el hombre con toda la amabilidad que le fue posible se bajo del coche y le ayudó con el paquete que no parecía pesar pero era incomodo de mover por su volumen.
Yo me había parado detrás de unos coches aparcados pero veía cada movimiento que hacía, y así cuando el taxista al fin se marchó, el elegante señor del sombrero tocó el timbre y una doncella salió con su limpio y planchado uniforme blanco y negro, se inclino para coger el paquete del señor, pero este le dijo algo y al momento un elegante mayordomo salió y juntos metieron el encargo en casa viendo que el señor ya se encontraba dentro de ella.
Arranqué lentamente, observando todos los rincones del barrio en que me encontraba y luego lentamente pase por delante de la puerta de la vivienda mirando como era de bella aquella mansión más que casa, y el número que había en la pared del muro, lleno de flores rojas, amarillas y blancas, lindas campanillas que se mezclaban entre si, haciendo un bello puzzle de color y belleza, a la vez que un olor suave y penetrante me hizo recordar algo conocido, aunque en ese momento no pude recordar que era, pero que se metía en mi cuerpo como si fuera parte de él.
.- ¿ Porqué había seguido a un desconocido hasta su destino?
.- ¿ Que me había movido a hacerlo si nunca me había sentido una mujer curiosa ?
y ahora que ya sabía donde estaba dicho señor....
¿ Que más necesitaba saber y que iba a hacer con esa información ?
De pronto me dí cuenta de que había seguido a alguien y que me encontraba muy lejos de casa.
De forma un poco desanimada por estar en un barrio muy alejado y tener que prepararme la comida para comer rápidamente, y volver al trabajo en la librería que había enfrente del anticuario, donde el desconocido había hecho su compra, me puse en marcha sin estar convencida de lo que iba a hacer.
Al salir de las calles cercanas a la casa que había fichado en mi memoria, los domicilios no se parecían en nada, eran chalet de múltiples formas y alturas, no tenían la belleza de las casas de ese precioso rincón y las calles se agrandaban, fue cuando vi los conocidos carteles que siempre anuncian locales de múltiples tipos, tras dar un primer vistazo a toda la calle me llamo la atención un cuco letrero de tipo artístico que decía "casa de comidas caseras" y sin pensarlo dos veces dirigí mi coche hasta su puerta diciéndome que no era hora de llegar a casa y ponerme a hacer la comida, pues no tenía tiempo para comer a gusto y relajada.
La entrada no era muy grande pero si decorada con mucho gusto, un letrero y unas cortinas anunciaban donde estaba el comedor que por cierto me encanto por la tranquilidad que allí había a pesar de las numerosas personas que estaban comiendo.
La mesa que me ofrecieron era junto a una ventana, y enseguida tuve la tentación de curiosear, pero pensé que mientras me preparaban la comida tendría tiempo para ello, así que pedí dentro de los tres menús que había el que tenía legumbres y pescado fresco y de postre unas deliciosas natillas caseras, regado todo ello por un vino de la casa.
Mientras la comida llegaba pude ver entre los visillos un pequeño jardín, debía estar por la colocación del comedor detrás del edificio, era pequeño pero muy cuidado, con dos sauces llorones, varios arboles frutales, tres rosales grandes y altos y un estanque en el centro del césped con flores acuáticas de varios tonos morados, amarillos y rosa, era muy bello y al observarlo empecé a sentir una tranquilidad que no había sentido en mucho tiempo.
Comí como hacía muchos días que no comía, pues siempre andaba con el tiempo justo ya que mi domicilio, del trabajo, no estaba muy próximo, eso, y que me lo iban a dar todo hecho, solo tenía que esperar que me lo sirvieran y a comer relajadamente...
Cuando me estaba sirviendo la camarera el postre, se me ocurrió preguntarla si conocía a los señores de la casa 185, de estilo ingles, que estaba en la parte superior de todos los edificios, me dijo que pasaban por el local a comer o a tomar algo con frecuencia, también me comentó que la señora ya salia mucho menos, pues era de muy avanzada edad y estaba en silla de ruedas, pero que cuando la visitaba su nieto, él si la bajaba alguna vez, y que él señor solo, no pasaba a la hora de las comidas, pero si en los atardeceres a tomar alguna copa o café y hablar con los muchos vecinos de la zona que le conocían y apreciaban. Le di las gracias al acabar y le dejé una buena propina por los servicios tan bien prestados y por su atención a mi pregunta.
Salí del restaurante casero después de tomarme un delicioso café con nata y deseando poder volver pronto, pues había quedado encantada con el lugar y además mi cabeza seguía dando vueltas, a algo que sin saber que era de forma precisa me producía una sensación de intranquilidad.
Durante dos semanas estuve tan ocupada con el trabajo, los cierres de cuentas, el cierre del mes, los nuevos pedidos, que no tuve tiempo de acercarme ni a la casa ni al restaurante, ni para tomarme una copa tranquilamente sentada, oyendo una música que me traía bonitos recuerdos y que me hacía sentirme muy sentimental, pero cuando al fin llegó el fin de semana me puse un vestido que me gustaba y con el cual me sentía atractiva, me pinte un poco, lo suficiente para que yo misma me viera algo mejor y cogiendo las cosas imprescindibles las metí en el bolso que me iba a llevar.
Cerré la casa y me metí en el coche, diciéndome a mi misma que sería interesante conocer a tan buen galán, como me había parecido el señor que había visto salir del anticuario y entrar en casa de su abuela, según la información conseguida en el bar....
La tarde caía cuando llegué al local, me pareció aún más bonito que el día que había comido allí y es que el bar tenía su ambiente a media luz y la música de la guitarra que sonaba lo hacían más acogedor.
Todas las mesas estaban ocupadas así que me dirigí a la barra en espera de que estuviera alguna libre, la camarera me reconoció enseguida y preguntándome que deseaba con una sonrisa, me hizo sentirme como en casa.
La petición de canciones se producía de forma escalonada y el joven complacía a cada uno con un interés que no era muy propio de su insultante juventud. La verdad es que tocaba maravillosamente y las canciones que solicitaban eran de corte romántico y de letras comprometidas, bellas y muy conocidas, lo cierto es que el joven conocía lo que cantaba y tocaba como los viejos cantautores que yo siempre seguía.
La camarera se me acercó con la bandeja llena de copas y vasos que había retirado y me comentó que una mesa acababa de levantarse, que podía ocuparla sin problemas y eso me hizo sentirme segura de que allí podía pasar varias horas sin darme cuenta del paso del tiempo.
La mesa estaba en segunda fila, desde ese lugar podía ver el pequeño escenario que improvisaban cada día. Al ir hacia ella la gente de las otras mesas me saludaba como si de conocidos de siempre se trataran y así me fui fijando en sus rostros, eran caras serenas, relajadas, no muy jóvenes pero de mirada brillante, al mirarlos sentí que eran felices y me alegré de conocerlos aunque solo fuera esa noche y de cara.
Y allí estaba él. Cuando nuestros ojos se cruzaron, noté que se quedaba mirándome con curiosidad y lo mismo me ocurrió a mi al ver con detalle su rostro, esa cara la conocía estaba segura...
Me preguntó si estaba sola y le dije que si, tras lo cual, y antes de que me diera cuenta, dos de ellos se habían levantado y acercando mi mesa a la suya pusieron las sillas para que quedaran correctamente colocadas, de forma que cuando quise decir algo, me encontraba sentada con todos ellos.
La música se encontraba en unos minutos de descanso, por ello se había levantado la gente para irse y los demás aprovechaban para ir al baño, hacer sus peticiones de bebidas etc.
El grupo estaba compuesto por tres parejas y cuatro hombres solos, todos ellos se fueron presentando, así como a sus respectivas parejas y así fue como oí su nombre, un nombre que me decía porqué me resultaba tan familiar su forma de moverse, de hablar, su porte.... y lo mismo le pasó a él, cuando yo me presenté a todos ellos.
Ambos nos pusimos en pie, hacía más de veinte años que no nos veíamos, !claro que recordé como eramos los dos cuando jugábamos y ya más mayores leíamos juntos!,me pareció dar marcha atrás a mi vida en unos segundos,volver a mi niñez y adolescencia, sentir su voz hablarme de sus batallas de chico abierto, jovial y agradable en el trato.
Muchas veces entre las amigas nos preguntábamos, como un chaval tan rico podía ser tan majo, con las personas de la sociedad económicamente mucho más baja que la suya; pero luego decíamos de forma seguida, "claro con unos padres tan buenos y una abuela tan guapa y tan cariñosa, así es él" . Y en esos recuerdos perdí su imagen, luego solo sabia de sus andanzas por mi abuela y por mama, pero hacía varios años que no tenía noticias de ellos, la verdad es que con la abuela nunca hablaba del pasado, era demasiado triste para recordárselo.
La vida de las dos familias había estado en contacto durante generaciones, algo que nosotros quizás no habíamos valorado con toda su intensidad, porque nos parecía lo más natural, estábamos juntos desde nuestro nacimiento aunque no era ni mucho menos a diario.
Mama había muerto cuatro años atrás en un accidente de trafico camino de la montaña, donde papa la había dejado una preciosa cabaña en un lugar digno de visitar con toda la regularidad que a cada uno nos fuera posible. Ella era la dueña de la librería heredada de su madre y esta de su abuela; la primera librería en toda la población y montada como regalo por su padre, para que ella fuera una mujer liberal como soñaba, y así salimos sus siguientes generaciones hasta llegar a mi, mujeres trabajadoras e independientes, que solo nos casábamos cuando nos llegaba el amor, no porque necesitáramos ser mantenidas por nuestros maridos.
Por parte de su familia, siempre habían mantenido un gran negocio de anticuarios, durante más generaciones aún que la mía, sus ingresos eran muy superiores a nuestra linda librería de joyas literarias, y su riqueza fue ya heredada de su primer propietario su bisabuelo.
Cuando me di cuenta estaba aún de pie, ¿ cuanto tiempo había estado allí viajando por nuestras familias ?, su mano se adelanto para coger la mía, pero un abrazo unió nuestro encuentro.
Sentados uno al lado del otro, nos pudimos poner al día de nuestros últimos veinte años ( entre descanso y descanso de nuestro agradable músico y cantautor), aunque él sabía más de mi familia que yo de la suya, la verdad es que eran nuestras abuelas las que se mantenían en contacto, por lo visto se veían ¿como podía ser si la abuela ya no estaba para ir a ninguna parte? Vivía en su casa porque no quería vivir conmigo ni con mi hermano, así que la había buscado una buena mujer que vivía interna con ella y la cuidaba muy bien, y yo me acercaba a verla al salir del trabajo, pues de la librería me quedaba muy cerca su casa,y sabía que poca movilidad tenía ya para poder salir a la calle e incluso para moverse libremente dentro de su casa sin tener ciertos riesgos.
Pero él me contó que su abuela todos los martes, mandaba a su personal con su coche a recogerla y que tras pasar juntas la tarde, la devolvían a casa ya caída la noche. Mi corazón se aceleró, aquellas dos ancianas mantenían la amistad de su niñez y hablaban de sus familias, de sus miembros desaparecidos como nuestras madres y de todo lo que nos ocurría a sus nietos, ellas lo sabían todo de nosotros y nosotros de ellas.....?
Cada día amaba más a mi abuela y ahora me acababa de mostrar de nuevo su lado más humano, siendo capaz cada semana de ir a ver a su amiga, a pesar de su ya torpe caminar; ¿y que podía decir de la suya? su grandeza la había mantenido siempre muy cerca de mi corazón, por ello cuando su hija enfermó muchos años atrás me fui a verla cada día hasta que se la llevaron al campo pues no podían hacer ya nada para mejorarla y su médico personal se hacía cargo de ella, para sedar su cuerpo invadido por la terrible enfermedad, evitar sus dolores más fuertes y estar a su lado en el peor de los momentos, el cáncer la había vencido y nada se podía hacer ya más que ayudarla en su día a día... pocos meses antes la tienda, así como todas sus propiedades y dinero se lo había traspasado a su hijo, aunque él nunca se hizo cargo del negocio pues trabaja en el ministerio de exteriores donde era un gran cargo técnico, quedaba la atención de los clientes a cargo de la empleada que la había ayudado durante casi 40 años.... y con esa mujer era con la que yo seguí hablando y con la que recordaba muchos momentos de los buenos tiempos.
Nuestros recuerdos nos mantuvieron hablando hasta altas horas de la noche, cuando quise darme cuenta estábamos los dos solos, le perdí disculpas por sus amigos pero él me dijo que no me preocupara, que ellos conocían su vida perfectamente, que su familia no tenía secretos con sus con-vecinosy amigos del barrio de siempre, pues la casa la había mandado construir su bisabuelo cuando era una villa aislada, cercana solo a otras dos que se mantenían aún en pie aunque reformadas pues habían tenido varios dueños de distintas familias, luego habían ido llegando más propietarios hasta formar un precioso barrio, que a pesar de haber crecido mantenía muy buen ambiente y agradable trato.
Le dije que no tenía más remedio que irme, que era muy tarde y que me quedaba un largo camino hasta casa, pero él me ofreció como lo más natural que me quedara en casa de la abuela, que ella se alegraría mucho de verme, y aunque yo le dije que no era necesario, el insistió hasta que caminamos los dos hacia su coche para subir juntos a su casa, pues al día siguiente el se acercaría conmigo a coger el auto.
La noche en aquella preciosa casa fue inolvidable, se respiraba paz, silencio, dulces aromas al abrir la ventana antes de dormir, aquello era un paraíso, hacía mucho tiempo que no me sentía tan bien. Dormí como una niña, no recuerdo si soñé o no pero si lo había hecho era con algo bueno seguro pues al despertar me sentí como si hubiera dormido durante días acompañada de hadas, nomos y demás bellos habitantes de un gran bosque.
Cuando tras ducharme salí del cuarto una doncella que antes me había atendido me dio los buenos días a ala vez que me comunicaba que los señores estaban desayunando en el porche del salón y me acompañó hasta él sin yo decirla nada, creo que sabía que me perdería en mi viaje hacia ellos.
Cuando vi a la abuela mi corazón se acelero y vi pasar media vida por mi cabeza en cuestión de segundo. Estaba muy guapa a pesar de los muchos años que tenía, su pelo recogido y totalmente gris perla me pareció de gran belleza, su rostro se alegró al verme como yo también me alegraba de verla y una sonrisa se perfiló en su cara y ojos.
Un abrazo fue suficiente para notar cuanto calor teníamos dentro de nuestros corazones, las dos nos emocionamos al notarnos juntas y tras unas palabras susurradas como cuando era niña, la anciana me fue soltando y me alargo la mano para que compartiera su mesa y su desayuno.
La verdad es que las horas que pase con ellos fueron maravillosas, el tiempo se pasaba sin darnos cuenta, parecía que nos habíamos visto la tarde anterior. !que bien me sentía!!que personas tan integras, tan buenas, tan dulces.
Al fin llegó la hora de irme, la verdad es que no sentía ninguna necesidad de hacerlo pero me esperaban para comer y no podía anular la cita, pues venían en u n avión de medio día mis amigos de Canadá. Cuando tuve que decirla que me marchaba, algo me dijo que por ella podía continuar días y días sin dejar de hablar de nosotros, nuestros mundos paralelos de tantos años compartidos y de nuestros sueños. Ella me conocía como a su hijo y me quería como si lo fuera.
Cuando de nuevo estuve en mi coche después de una larga despedida y varias promesas de volver a verlos, sentí una ligera tristeza y mis recuerdos se amontonaban saliendo hacía el aire como melancólicos recuerdos. Sabía que no durarían mucho nuestras abuelas y eso me entristecía pues eran el eslabón que siempre nos habían tenido unidos.
Muchos días después, le vi entrar en la librería y se me aceleró el corazón, la verdad es que siempre me había tenido medio enamorada pero solo era una niña y con el tiempo las cosas se amainaron, pero siempre le llevaba en mi corazón. Él según me había contado, tampoco estaba casado, pero no me dijo que había hecho todos estos años aparte de ser un gran hombre y de cuidar de su negocio y de la abuela siempre que podía.
La hora del cierre estaba muy proxima así que recojí todo, y con mi bolso y chaqueta cerré la puerta y nos fuimos caminando hasta el lugar donde habiamos quedado en ir al comer cuando el viniera a verme.
El chiringuito era una casa de comida casera, estaba diseñada de forma muy cuca, me gustaba ir a ese lugar a comer por su buena cocina y por el buen trato del personal, la verdad es que como todavía era pronto estaba comiendo muy poca gente, pero sabía que si iba más tarde las mesas estarían llenas y tendríamos que esperar.
Pedimos el menú del día pues a los dos no gustaba el pescado y mientras nos traían el primer plato nos entretuvimos en charlas de lo que habíamos hecho economicamente esos años y las cosas se fueron orientando hacia nuestra vida personal. Me empezaba a preguntar si tenía novio formal o algún amante permanente, cuando una pregunta similar me había venido a la cabeza, pero me frene al oírsela a él.
Le conté en unos instantes que si que había tenido algún novio pero que este momento estaba en una época de relax y de análisis en mi vida. Luego sin yo preguntarle él me empezó contar que cuando se fue para estudiar en la Universidad tenía una novia tan joven o más que el, que su romance no duró mucho en la distancia, que ella no quiso esperarle, luego cogiendo una miga de pan le vi jugar con ella y despacio muy calladamente me dijo:
.- sabes, después de aquello empecé a sentirme triste, angustiado, desconcertado y extraño, y en dos años tenía una pareja que estudiaba conmigo.
.- !que alegría que encontraras a alguien que te quisiera a su lado!
.- si, pero verás, es que estoy con un amigo desde entonces.
Al decirlo se quedó mirándome a los ojos, esperando mi respuesta y le vi relajarse al ver si reacción.
.- me alegro por ti, ¿pensabas que te iba a decir algo porque quieras a un hombre en vez de a una mujer?, pero si a mi lo único que me importa es que seas feliz con quien te quiera y que tu ames a otra persona y te sientas dichoso en esa relación.
.-Sabía que podía contartelo, siempre has sido para mi, mi mejor amiga, y siempre te llevo en el corazón pase el tiempo que pase y esté donde esté.
.- Claro que si, sabes cuanto te quiero y te he querido siempre.
Y así se nos paso todo el tiempo, hablando del pasado, de los negocios, de nuestras familias y sobre todo, del futuro que cada uno, pues teniamos muchas cosas que por hacer. Hablando me contó cuanto deseaba adoptar un niño, de que se querían casar, pues a pesar de tener muchos años de convivencia, les apetecía zanjar esa cuestión por problemas de herencias y otros economicos y sociales.
Cuando volviamos hacia la tienda, sin poder evitarlo le di un beso en la mejilla con todo mi cariño, con todo el pasado y el presente juntos. La vida nos había reunido para saber que estabamos bien los dos y nuestras queridas y entrañables abuelas.




Comentarios sobre relato corta " la casita de estilo ingles"
Linda historia!!! con un contraste que en realidad forma parte de la vida... me gusta!!

Amiga, hoy vine a desearte un bello y feliz día!!!
un abrazo con mucha buena vibra desde Rosario, Argentina
Maryro
un beso enorme, angeles.




MARYRO:
Muchisimas gracias por tu buenos deseos y por tu amistad yo tambien te deseo lo mejor en este día y en todos los demás del año.
me alegra que te haya gustado el relato un besazo muy fuerte.
Triki:
Mil gracias por tu regalo, me ha parecido encantador, lleno de belleza y ternura como lo eres tu.
Un besazo muy muy fuerte, tu sabes cuanto te quiero.....